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Politica nacional

200 Años de Marx: REIVINDICACIÓN DE UN MAESTRO REVOLUCIONARIO.

5 May , 2018  

Se cumplen 200 años del nacimiento de Karl Marx, el pensador revolucionario más influyente desde mediados del Siglo XIX, cuyas ideas no fueron creadas para regodeo del mundo académico sino para ser tomadas en sus manos por las masas trabajadoras, explotadas y oprimidas del mundo entero.
Nació cuando el capitalismo vivía su auge como sistema, con una revolución constante de las fuerzas productivas (la revolución industrial), la expansión del mercado a regiones nunca conocidas y la llegada de las libertades públicas a través de la república democrático burguesa consagrada a ambos lados del atlántico en sendas revoluciones.
Desde muy joven su mente crítica puso en tela de juicio todos los pilares sobre los que se sostenía la sociedad que lo rodeaba. Criticó con mucha agudeza la religión y observó las condiciones de vida en los campos y ciudades del ascenso capitalista. Absorbió las mejores herramientas producidas en ese momento por corrientes del pensamiento contemporáneo (la filosofía alemana, la economía política inglesa, la sociología francesa) y las sintetizó en el materialismo dialéctico, quizá el aporte más trascendente a la praxis, palabra utilizada por él, de las generaciones futuras.
Pero no fue un teórico, ni un filósofo, ni un historiador o economista, como los que forma el mundo académico o universitario. Fue un militante y dirigente político, que luchó por dotar a la clase obrera de las herramientas que le permitieran transformar el mundo. Fue para esa clase que redactó, junto a su brillante amigo y compañero Federico Engels, El Manifiesto Comunista, documento clave en el desarrollo del movimiento revolucionario internacional. Allí está condensada su concepción del mundo, que instaura la premisa de que “la historia de todas las sociedades que existieron hasta el presente es la historia de la lucha de clases”, que mantiene una vigencia redoblada.
En cierta forma, podemos decir que Marx se adelantó a su tiempo, ya que sus estudios sobre el capitalismo, sus brillantes explicaciones acerca de las leyes básicas que rigen el sistema, la acumulación, sus contradicciones, sus conflictos y la inevitabilidad de la lucha de clases y de la revolución como consecuencia de ello, apenas pudieron ser apreciadas por su propia experiencia. Si bien vivió las Revoluciones de 1848, y sobre todo La Comuna de París, de las cuales extrajo brillantes conclusiones políticas, faltaban algunas décadas para que la crisis del capitalismo imperialista diera a las y los revolucionarios las oportunidades de revoluciones victoriosas.
No fue un académico, aunque dejó obras insuperables como El Capital que encierran largos años de investigación y constituyen una base fundamental para entender el sistema de la propiedad privada. No fue un filósofo, aunque era un verdadero erudito en filosofía. No fue un historiador, aunque aportó una nueva concepción como el materialismo histórico. Fue un revolucionario, alguien que produjo con todos los conocimientos una síntesis al servicio del movimiento social, de la lucha de clases, de la organización política de la clase obrera y el pueblo pobre en partido revolucionario.
Tuvo una vida difícil, sufrió ataques, persecuciones y privaciones indescriptibles, y en ese contexto mantuvo la producción de ideas y explicaciones sobre la realidad social, económica, política y cultural.
Advirtió, pronosticó y sentenció verdades que le valieron réplicas de las más diversas, cuando no descalificaciones absurdas, aunque las mentes más lúcidas de todos los tiempos no pudieron dejar de reconocer sus aportes, que el mundo académico del Siglo XXI sigue estudiando. Desacralizó las relaciones sociales y arrojó luz sobre los temas ocultos por el pensamiento burgués.
Finalmente, las herramientas creadas por Marx y diseminadas por todos los países del mundo, fueron tomadas por las clases explotadas, como ocurrió en Rusia en 1917, cuando obreras/os y campesinos/as derribaron al Zar y abrieron una nueva época en la historia de la humanidad, la época de las revoluciones obreras y socialistas. El Partido Bolchevique inspirado y construido por Lenin fue el factor central para el triunfo de la revolución rusa, que atravesó al Siglo XX.
La experiencia no fue, no podía ser, lineal. El Stalinismo vino a negar el marxismo, desviando la revolución hacia la coexistencia pacífica con el capitalismo y consagrando en el poder del Estado una burocracia restauradora que no avanzó hacia el socialismo sino que se volvió agente de la restauración capitalista, como lo denunció Trotsky de manera brillante. La distorsión histórica producida por el Stalinismo no niega, sin embargo, todos los avances vividos por los pueblos y naciones que tomaron la senda de la revolución.
En su tiempo, Marx decía de él mismo que no era marxista. No pretendió crear una verdad eterna, un nuevo “opio de los pueblos”, como llamó a la religión. Entre otras cosas, el Stalinismo incurrió en un dogmatismo propio de las verdades eternas y no del materialismo dialéctico, algo que lo llevó a negaciones imperdonables y anti históricas.
Pero la lucha de clases, la apropiación individual del trabajo colectivo, la concentración y centralización del capital en pocas manos, la tendencia decreciente de la tasa de ganancias, la miseria creciente, la sobre producción de mercancías, la naturaleza de clase del Estado y sus instituciones, y sobre todo la necesidad de la revolución mundial, hacen que Karl Marx siga viviendo en la clase obrera y los pueblos del mundo que tienen la necesidad de terminar con el capitalismo imperialista y abrir paso a la sociedad socialista o el reino de la libertad, según Engels.
Desde Opinión Socialista, rendimos homenaje al maestro revolucionario y sus enseñanzas, llamando a las y los jóvenes que incursionan en la militancia a tomar en serio el estudio de sus aportes a la lucha revolucionaria.

Dirección Nacional de OS. 5 de Mayo de 2018.



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