Politica nacional

Ante el intento de expulsión de De Vido en el Congreso: PARA TERMINAR CON LA CORRUPCIÓN, HAY QUE TERMINAR CON EL SISTEMA QUE LA GENERA Y SUS AGENTES

1 Ago , 2017  

Ante el intento de expulsión de De Vido en el Congreso

PARA TERMINAR CON LA CORRUPCIÓN, HAY QUE TERMINAR CON EL SISTEMA QUE LA GENERA Y SUS AGENTES.

En los últimos días ocurrió uno de esos hechos que, a pesar de la superficialidad e intencionalidad con que los políticos burgueses y el periodismo a sueldo lo presentaron, demostró el cuadro de descomposición en que se halla la sociedad capitalista y el régimen político sobre el que se sostiene. Nos referimos al intento de expulsión del ex Ministro de Planificación del kirchnerismo, Julio de Vido, en la cámara de diputados, iniciativa que tomó el macrismo para instalar el eje de la campaña electoral lo más lejos posible del retroceso que perciben las más amplias masas en su nivel de vida.

Con la demagogia que lo caracteriza, y una publicidad ilimitada, el equipo de Cambiemos volvió a utilizar la genuina indignación por los escandalosos hechos de corrupción para utilizarla contra la candidatura de Cristina Kirchner, la que a su vez se monta en el deterioro del poder adquisitivo de los trabajadores y de la clase media, para posicionarse y pedir el voto. Como si la actual crisis económica y social que golpea con mayor crudeza a los sectores más pobres, no fuera también producto de las políticas de su gobierno, aprovecha la lógica “democrática” y el señuelo del recambio.

Sabiendo que no daban los números para su propósito, el juego del oficialismo fue obtener ventaja acusando de complicidad a los legisladores que votaron en contra de la expulsión por el cargo de “indignidad” del corrupto ex Ministro. Tanto a los que, como los peronistas, rechazan de plano la posibilidad de rendir cuentas por los chanchullos propios, como así también a los diputados/a del Frente de Izquierda y los Trabajadores, que se opusieron a esta maniobra pero por razones completamente diferentes.

 

Desde Opinión Socialista saludamos el voto de la izquierda en contra del proyecto oficialista y compartimos el criterio de no reconocerle a ese sector ninguna autoridad para decir quién es “digno” o no, siendo ellos representantes políticos de la clase capitalista, responsables directos de la corrupción más desenfrenada desde que la Argentina existe como país. También prevenimos, como hicieron los diputados del FIT, contra el uso de una herramienta del poder de turno para expulsar a los “indeseables”, como actualmente pretenden hacer en Mendoza contra legisladores del FIT por participar en las actividades del último Paro Nacional del 6 de abril.

Si bien el voto de la izquierda fue acertado porque recupera la línea de independencia perdida con el apoyo al “freno” del 2×1 a los genocidas con que el Gobierno quiso despegarse de la avanzada derechista de la Corte Suprema, también observamos en su argumentación elementos de adaptación que señalamos para alertar sobre los peligros que se ciernen sobre el Frente al que consideramos un instrumento progresivo para que se exprese nuestra clase.

Nos alarma que el PO denuncie un “golpe parlamentario” y, en conjunto con el PTS, planteen que con la condena judicial sí acompañarían con el voto la expulsión. Estos conceptos “constitucionalistas” no hacen más que rescatar a la democracia burguesa dando fe de que sus podridas instituciones puedan solucionar el problema de la corrupción, inherente al propio sistema que ellas sostienen. El entramado de funcionarios de los gobiernos, nacional y provinciales, jueces, policías y sindicalistas corruptos existe en función de asegurar al empresariado más concentrado el monopolio de los negocios con el Estado capitalista, ultra dependiente de los organismos multilaterales y las empresas multinacionales, socias en varios de esos negocios. En ese entramado están el PRO, el kirchnerismo, PJ, Massa-Stolbizer, como lo prueba la crónica periodística, el “archivo” como dicen en los medios. Entonces para terminar con la corrupción hay que eliminar su principal causa: el sistema capitalista y sus agentes. Es nuestra obligación leninista decir esto a la clase trabajadora y mostrar un camino de ruptura con la clase dominante y su Estado.

Hay que marcar la necesidad de una nueva organización de la sociedad, proponiendo desde la izquierda la nacionalización de la economía y su planificación en beneficio de la clase obrera y la clase media en general, en un sistema socialista de producción, donde los propios trabajadores/as controlen la transparencia de los que cumplen funciones públicas. Sin embargo también es preciso reconocer que un Gobierno Obrero y Popular no es la opción que hoy evalúa la mayoría de la sociedad, aunque sienta la necesidad de un cambio que permita al pueblo ejercer una verdadera democracia que sirva a sus intereses más inmediatos e históricos.

Nuestro proletariado, y la sociedad en general, espera una propuesta nueva que ningún partido patronal puede ofrecer, por lo que cada vez hay menos expectativa en los políticos tradicionales. La izquierda puede proponer esa ruptura de una manera accesible y comprensible a amplios sectores, utilizando el llamado a una Asamblea Constituyente que establezca nuevas reglas en beneficio de la mayoría. Pero para imponerla y darle ese carácter es necesario acompañar ese llamado desde las organizaciones del pueblo trabajador, desde los sindicatos y organizaciones obreras, hasta las de desocupados, profesionales, vecinales, feministas, ambientalistas, los colectivos antirrepresivos, de defensa de los derechos de las minorías, etc., y articular un gran movimiento político de los sectores postergados para reorganizar el país sobre nuevas bases. Allí los socialistas podremos participar y, en la medida que cumplamos un rol positivo, llegar a sectores de masas que, en la práctica política, sabrán apreciar mejor nuestro programa en toda su dimensión. La Huelga General y las acciones de masas preparatorias, el Frente Único, el Control Obrero y hasta la necesidad de la autodefensa obrera, podrían ser asumidos a partir de la experiencia.

Pero para eso hace falta que el sector más visible de la izquierda rompa con el electoralismo que la confunde con los políticos tradicionales, y no vea flexibilidad táctica para ganar aliados de la clase obrera en los atajos que el oportunismo toma para engordar el aparato propio, al margen de las masas que, voten al FIT o no, necesitan ser conducidas por un camino que les demuestre  la fuerza de su acción organizada y consciente, además de la inexorable necesidad de liberarse. Esta es la respuesta que debieron dar los voceros de la izquierda en los medios, para mostrar que para acabar con los corruptos y la corrupción hay que terminar con el sistema y los agentes que la generan.

Desde luego, ante tamaña podredumbre del régimen y el deterioro de las condiciones de vida y trabajo, este camino es absolutamente posible.

Opinión Socialista 1/8/2017

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