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Movimiento obrero,Nuestro partido,Politica nacional

Ninguna confianza en las medidas del gobierno.

8 Feb , 2016  

ENFRENTAR AL GOBIERNO DE LOS GERENTES
CON LA UNIDAD, LA ORGANIZACIÓN Y LA MOVILIZACIÓN INDEPENDIENTE.
Todavía no habían pasado las elecciones generales del 25 de octubre y las empresas formadoras de precios ya habían comenzado una desenfrenada remarcación de precios que aún hoy continúa. La canasta básica alimentaria, en que la carne es un artículo destacado del consumo popular, trepó por las nubes y se hace cada vez más inalcanzable a los salarios.
A esto hay que sumarle la devaluación, el aumento de las tarifas de los servicios, los alquileres, los combustibles, los despidos en muchas áreas del Estado y en el ámbito privado, la eliminación de las retenciones a las exportaciones, el nuevo endeudamiento y la negociación con los Fondos Buitres, entre otras medidas. En un contexto mundial caracterizado por una crisis crónica y recurrente del capitalismo, con gran caída de los valores de las materias primas, un país dependiente, reprimarizado, sentirá sin dudas las consecuencias.
Ajuste y Gobernabilidad.

Macri resolvió gastar la llamada “luna de miel”, momento de cierta expectativas en el nuevo gobierno, tomando medidas que afectan directa y principalmente al bolsillo popular, a las condiciones de trabajo y de vida de las masas trabajadoras.
Carente de base social propia, sin mayoría parlamentaria, sin haber ganado rotundamente, recurre a los DNU para evitar someter al tratamiento del congreso o a la negociación con otros partidos aquellos temas en los que pueda avanzar de facto; la burguesía exportadora, industrial y financiera exige garantías de que sus inversiones tendrán suculentas ganancias. Es la “confianza” de la que hablan los nuevos funcionarios.
El Macrismo explota hábilmente la bronca acumulada contra los atropellos kirchneristas. Los despidos son presentados como un acto de justicia contra los ñoquis, cuando en realidad sienta precedentes que todas las patronales desean imitar, o ya lo están haciendo. Los despidos pueden crear temor y disciplinamiento.
La detención de Milagro Sala es presentada como un acto de justicia contra el clientelismo, la cooptación y las patoteadas representadas por ella en tiempos del kirchnerismo, cuando en realidad es un mensaje a los que reclaman y luchan, especialmente si recurren a métodos de acción directa como los cortes. La aplicación de la Ley Antiterrorista, votada por el Kirchnerismo en su momento, echa luz sobre el propósito político de esta detención.
Como socialistas revolucionarios, hemos sido implacables enemigos de la subordinación de Sala, D Elía, Pérsico, Hebe de Bonafini y tantos otros dirigentes de organizaciones populares al kirchnerismo, pero la detención del gobierno Macrista es por los reclamos y las acciones como el acampe (“instigación al delito” y “tumulto”); el Estado no puede negarnos el único derecho que tenemos como clase, que es el de protestar y al negárselo a ellos nos lo está negando a todos. Las libertades y derechos democráticos estarán amenazados en esta etapa, porque los CEO querrán poner “orden” y disciplinar al movimiento obrero y de masas.
Por su parte, el kirchnerismo, que subestimó al macrismo, se encuentra hoy obligado en cierta forma a resistir, a su manera, los ataques que está lanzando el nuevo gobierno.
Las excrecencias del capitalismo semicolonial se dejan ver por todas partes, y muy especialmente en el florecimiento del narcotráfico. El sainete del verano, protagonizado por la increíble fuga de tres sicarios de una cárcel de máxima seguridad, desnudad la incapacidad, corrupción y propensión de las fuerzas de seguridad a involucrarse en un negocio tan jugoso en el capitalismo. El gobierno de Macri, con el inestimable apoyo de los multimedios, intenta legitimar medidas como la “emergencia en seguridad”, que permite durante el tiempo que dure realizar contrataciones directas y los faculta a medidas excepcionales que pronto podrían volverse contra las libertades y derechos democráticos.
El régimen, es decir las instituciones con que la burguesía ejerce su dominación económica, social, política y cultural, intenta reforzarse, aunque deberá vencer la resistencia de las y los trabajadores, las organizaciones y la población. La fortaleza o debilidad del gobierno, y del régimen, estará dada por si logra imponer sus planes contra las masas, que no aceptarán mansamente perder derechos y conquistas.
Ninguna Confianza en las medidas del gobierno.
La clase trabajadora podrá estar confundida pero no está derrotada y viene de un largo período de acumulación de fuerzas. Grandes luchas parciales, movilizaciones, paros generales y otras acciones se han librado contra el kirchnerismo, y en todas ellas fueron quedando enseñanzas que hoy adquieren plena vigencia. También las luchas democráticas y de género, como la del 3 de junio de 2015 bajo la consigna “ni una menos”, constituyen avances que no podrán hacer retroceder tan fácilmente.
La burocracia sindical, dividida en varias fraciones, va a negociar con Macri en lo que pueda y va a ponerse al frente de ciertos reclamos, sobre todo parciales, cuando no pueda evitarlo. El gobierno intentará comprarlos con fondos para las obras sociales, cargos políticos en el Estado y concesiones sectoriales, pero la última palabra la tendrán las y los trabajadores si consiguen darse una dirección revolucionaria. Las próximas paritarias serán una primera prueba en este sentido.
El sindicalismo combativo podrá, a condición de acertar con una política unitaria, basada en las necesidades básicas insatisfechas y movilizantes, avanzar en su inserción, reconocimiento y rol de dirección en sectores crecientes del movimiento de trabajadores. Para esto hay que tener una estrategia independiente de cualquier sector burocrático o patronal, y unas tácticas flexibles para desafiar, embretar, exigir y denunciar a la burocracia. La unidad de acción no significa renunciar a la crítica hacia las distintas vertientes burocráticas, sino al contrario.
Una expresión de esa política se dará en la lucha por recuperar los organismos de la clase como los sindicatos, impulsando listas únicas antiburocràticas en gremios como el neumático, la alimentación, la carne o docentes, donde habrá elecciones este año. Este puede ser un momento de nuevos avances del sindicalismo combativo e independiente de la burocracia, en importantes organizaciones obreras.
La izquierda organizada en el FIT, lamentablemente acepta cada vez más una construcción electoralista, no subordinada a la lucha de clases sino independiente de ella. Sus organizaciones combinan la construcción autoreferencial y la adaptación al parlamentarismo burgués, con el sectarismo y aparatismo propio de formaciones estudiantilistas y pequeñoburguesas.  El FIT no ha sido la herramienta política que necesitó y necesita el activismo y la vanguardia que simpatiza con él, lo vota, fiscaliza y al mismo tiempo padece su crónico divisionismo infantil. Mientras sus partidos dirigentes prioricen la competencia aparatista entre ellas al enfrentamiento común a los enemigos de clase, el FIT seguirá siendo una cooperativa electoral sin vocación de poder. Los explotados y oprimidos del país van a reparar en una política que inspire confianza en sus propias fuerzas, en su autoorganización, pero no en mezquindades y peleas ajenas a sus intereses.
Con el nuevo gobierno se amplían las bases de sustentación de una política de Frente Unico, de enfrentamiento de conjunto al enemigo de clase que, encaramado en el máximo poder del Estado, intentará inclinar la balanza a su favor en todos los terrenos.
Esa política consiste en construir la más amplia unidad para luchar por el salario, las condiciones de vida y trabajo, los derechos y las libertades democráticas, la soberanía nacional, los derechos humanos y todas las banderas del movimiento obrero y popular, antiimperialista, enfrentando a la clase capitalista y sus representantes, acumulando fuerza para derrotarlos en la etapa y abrir una perspectiva diferente, basada en la organización democrática de las masas.
Escrito por adm1n



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