Horacio y el Vasco Bengochea

Nuestro partido

Fragmento del próximo libro: Reportaje al compañero Valencia

12 Sep , 2014  

Recientemente se publicó el libro El trotskismo y el debate en torno a la lucha armada- Moreno, Santucho y la ruptura del PRT, de Martín Mangiantini, libro que la revista Ideas de Izquierda de agosto del corriente año reseñó en un artículo firmado por Daniel Lencina y que según los compañeros de Izquierda Socialista, ataca la trayectoria histórica de la corriente que encabezaba Nahuel Moreno. Sin querer entrar en una ronda de descalificaciones acríticas sino alentar el conocimiento de nuestra perspectiva histórica, que cuenta con un protagonista central de ese debate, reproducimos un fragmento del extenso reportaje realizado a nuestro compañero Horacio Lagar que abarca muchos de los episodios más conflictivos que tuvo nuestra corriente, el morenismo. Con ello pretendemos generar el interés por este material de próxima aparición, minuciosamente documentado con minutas, folletos, fotografías e informes taquigráficos de reuniones partidarias, que acompañan el testimonio de Lagar, y que un equipo de compañeros está desarrollando.

El Vasco Bengochea

La bibliografía partidaria y también la otra, menciona el nombre de Bengochea, o simplemente El Vasco, de diversas maneras,  pero siempre con respeto. ¿Quién era y cómo era el Vasco Bengochea?

Me satisface responder a esa pregunta, porque la historia del movimiento revolucionario tiene con él una deuda que no ha sabido saldar. Se suele decir solamente que “se fue del partido con sus compañeros de equipo para seguir al Che Guevara”. Esta es una verdad a medias que oculta una mentira con la que, consciente o inconscientemente, se desfigura una conducta individual y un proceso político bastante más complicado y difícil de explicar. Es esto último lo que me gustaría hacer con el Vasco, comenzando por presentarlo brevemente:

Ángel Amado Bengochea, hijo de un vasco panadero instalado en un pueblito de la Sierra de La Ventana llamado Saldungaray, que en 1945, cuando terminó el secundario, saltó del Colegio Nacional de Bahía Blanca a la Universidad de La Plata inscribiéndose en la Facultad de Derecho. Logró también allí excelentes calificaciones hasta que, transcurrido más de un año de huelgas estudiantiles, decidió dejar la pensión platense y el módico giro familiar para irse a vivir a Avellaneda, a una pieza de conventillo del barrio de Crucecita y ganarse el sustento diario como trabajador fabril. La fábrica Duperial de productos químicos instalada en Sarandí, lo acogió en su plantilla con un puesto de peón.

El “hijo Doctor” que Don Jacinto y doña Virginia esperaban en Saldungaray se convirtió en el combativo delegado de la insalubre sección Agamexane, el venenoso agroquímico que después fue prohibido por su alta toxicidad. Las ilusiones familiares cedieron así el lugar al temor que deparaba una “carrera” no tan bien vista, seguramente más peligrosa y menos próspera, de defensor sindical y político que quería conocer, educar, organizar y movilizar al proletariado.

Las 6 horas de trabajo nocturno y su esforzado afán por ser “el mejor obrero”, le permitieron ganar  gran influencia en el resto de la fábrica y su Comisión Interna, resistiendo a la burocracia en unidad de acción con un típico “reformista” sobreviviente del anterior sindicalismo pre peronista.

Cuando por las mañanas temprano terminaba su turno, aparecía en la pieza de Crucecita con uno o dos obreros de su sección para darles los primeros cursos de capacitación política. Los que compartíamos la pieza con él, Daniel Pereyra y yo, debíamos dejar libres las camas para dar lugar a que se sentaran en ellas los nuevos “catecúmenos” de mameluco azul que exhalaban un irrespirable olor a Agamexane. En el patio del conventillo recuperábamos el aire puro a la espera de los nuevos turnos de cursos que cada uno de nosotros tenía comprometido con sus propios “contactos” de las fábricas donde trabajábamos.

Tal era la rutina de captación sindical y política entre los sectores “más concentrados y peor pagos” elegidos por el GOM para construir el Partido formando a los cuadros de una nueva generación de profesionales revolucionarios, aprovechando a estudiantes como el Vasco Bengochea. Semejante rutina militante se complementaba con las rigurosas reuniones de “célula” y  de dirección del Grupo y las tareas de “periodista” que demandaba la redacción y  edición de “Frente Proletario”, como así también de los volantes y boletines internos.

Después de Duperial, el Vasco Bengochea pasó a la noria de la despostada vacuna en el Frigorífico Anglo, un trabajo en equipo que requería cierta disciplina y destreza. En el Anglo compartió con los nuevos proletarios venidos del interior la experiencia de los primeros despidos masivos y algunas marchas de protesta por las calles del Dock Sud. Esa experiencia militante la trasladó también a Chile, Perú y Bolivia, inaugurando en la práctica las primeras escuelas latinoamericanas de internacionalismo proletario.

En todas esas actividades, el rasgo sobresaliente de la personalidad del Vasco estaba dado por su afán de ser siempre el primero y el mejor en toda actividad que emprendiera, fuera la de cargar bolsas de Agamexane en Duperial, seguir el ritmo agobiante de la noria en el Anglo, organizar una rifa para la campaña financiera del GOM, participar de un entrenamiento militar en Cuba o, con las armas en la mano, combatir a los marines yanquis en Playa Girón.

Horacio Lagar hoy, en su casa de Once.

Horacio Lagar hoy, en su casa de Once.

¿Cómo era visto en el partido por los demás  compañeros?

El Vasco fue un caso muy especial de prestigio y carisma personal, capaz de concitar la simpatía general, cautivando a quienes lo rodeaban hasta el punto de anular sus propios desarrollos individuales como cuadros partidarios. Por eso alguna vez se observó que en el partido no había dirigentes políticos formados por el Vasco, excepto quizá alguno, como Fito Valle, surgido de la militancia en textiles y finalmente dirigente del gremio de los Barraqueros… Tanto en los cursos de capacitación, como en los discursos callejeros, atraía la atención de todos, provocando el aplauso o las risas con un chiste oportuno o una salida que resumía un concepto teórico o resaltaba una afirmación política. Recuerdo que en un acto de homenaje a Trotsky en Villa Castellino, vi a los policías que nos “cuidaban”, celebrando los dichos del Vasco como si fueran parte de nuestro público…

La única vez que lo vi triste y taciturno fue cuando su primer y único hijo varón murió al nacer por un accidente de parto. Fue entonces cuando al salir del hospital me pidió que lo acompañara a un cine de calle Lavalle; y en la oscuridad de la sala trató de espantar su pena, esforzándose por distraer su tristeza entre caballos y tiros de cowboys.

¿Podría definirse al Vasco como uno de los dirigentes sindicales del partido?

Para mí esa sería una definición incorrecta. Yo definiría al Vasco como un militante revolucionario profesional volcado con toda su pasión y energía a organizar, educar y movilizar a los mejores activistas de la clase; el marxismo le reveló la clase obrera como “sujeto histórico” imprescindible para conquistar el poder, construir el socialismo y sostenerlo internacionalmente frente a las demás clases y fuerzas de la sociedad.

Es obvio que una actividad tan esforzada y consecuente en el campo sindical, no podía dejar de conllevar embriones de “sindicalismo” que podrían considerarse esporádicas desviaciones de tipo sindicalista. Justamente son esos embriones lo que algunos “espectadores” registraron críticamente como rasgo distintivo de la corriente, ignorando las exigencias tácticas y de forma de cada momento en la tarea histórica de la construcción del partido, etapa que posteriormente hemos señalado como “de la acumulación primitiva partidaria”.

El rol de “dirigentes sindicales” en el Grupo primero y el en el Partido después, lo cumplieron brillantemente muchos otros compañeros, llegando a dirigir Comisiones Internas, Secretarías Generales de Gremios importantes y aún Regionales de la CGT, como en Bahía Blanca. Nombres como el de Elías Rodríguez, Peralta, el Chueco Britos, Lorenzo Manduca, Raggio (Rayito) en Aceiteros, Fucito y Ruanova en metalúrgicos, Daniel Pereyra y Mario Serra, Mirta Henault y otros, contribuyeron admirablemente en la actuación del trotskismo en el sindicalismo revolucionario.

Pero puede afirmarse que el trabajo en fábrica y la labor sindical fue solo un capítulo del proceso de inserción del trotskismo en la clase obrera, así como también  del aprendizaje y formación personal, dependiendo siempre de las necesidades, contingencias organizativas y limitaciones del Grupo en relación con los cambios que se producían en la lucha de clases.

¿Cómo constructor partidario, diría usted que sobresalía por su nivel teórico?

No. El caso del Vasco Bengochea es emblemático de una camada generacional surgida a la política en medio de dos etapas, una que moría enterrando viejas tradiciones y liderazgos y otra que nacía bajo moldes nuevos y exigencias distintas. La inteligencia personal y el estudio, robando horas al descanso y a  la militancia, no podían por sí solo compensar o suplir el vacío cultural de esa época de transición y décadas de distorsión ideológica causada por la degeneración de la Unión Soviética y la hegemonía de la burocracia stalinista. En ese sentido yo diría que el Vasco no alcanzó a desarrollarse teóricamente, sino a exponer con brillantez las ideas básicas del marxismo recogidas de sus maestros clásicos y circunstanciales, y especialmente de la elaboración que tenía lugar en la corriente morenista.

En relación a  eso, ¿qué hay de cierto respecto de algunos comentarios que hacen responsable al liderazgo de  Moreno y a su “línea de proletarización” de las limitaciones que impusieron al  desarrollo teórico de varios de sus colaboradores más cercanos, como podría ser el caso del Vasco Bengochea y otros junto con él?

Todos hemos oído esos comentarios… Pero yo siempre observé que provenían de críticos con propensión al trabajo puramente intelectual en desmedro del más duro y prosaico al que obligaba la militancia revolucionaria en el seno de la clase. Sin duda, la proletarización implicaba sacrificar muchas posibilidades de estudio y desarrollo teórico, pero también permitía despejar caminos para la comprensión social y desarrollar muchas otras aptitudes para mejorar la teoría y la praxis del conocimiento. Desde el punto de vista del marxismo era la forma de que la teoría se nutriera de la práctica.

¿De la personalidad del Vasco, hay algo que quiera destacar?

Para mí fue un ejemplo de fortaleza moral, como si lo guiara una suerte de “imperativo categórico” en todos sus actos, contagiando con el ejemplo a quienes lo rodeaban… Jamás su autoridad se impuso por vía administrativa. Los miembros de su equipo se sentían obligados por su ejemplo. Cuando en la intimidad se hablaba de otras conductas, solía repetir una frase que dejaba traslucir un cierto sabor agridulce, afirmando  que “para ser revolucionario había que ser buena persona…” Hizo cosas extraordinarias que hablan de su valor personal, sometido a pruebas imposibles de contar. Y murió haciendo otras que se cuentan a medias. Pero en mi opinión, más allá de sus aciertos y errores, su nombre merece ocupar un sitio de honor en la galería de los revolucionarios del siglo XX.

… Pero la Historia Oficial del morenismo, aunque con respeto, no lo muestra así, sino más bien como uno más  de los que a su turno “rompieron con el partido”… ¿Es justa y merecida esa imagen?

A esa pregunta yo quiero responder con especial atención y mayor abundamiento, porque los herederos oficiales del morenismo y particularmente de su “aparato”, han hecho del tema un motivo de culto a la “infalibilidad” de Nahuel Moreno que en nada sirvió ni sirve actualmente a la corriente.

… ¿Usted quiere decir que la llamada “Historia Oficial” (Tomo 3 Volumen 1) falsea los hechos?

…Digo claramente que se limita a exponer los “hechos” de una manera fotográfica, fraccionalista y doctrinal, que solo sirve para desfigurarlos y quitarles riqueza y significación política, desaprovechando la colosal experiencia de los años 60, que todos los revolucionarios debimos hacer en torno a la revolución cubana y el fenómeno del castrismo.

No voy a repetir los análisis generales correctos sobre la década de los ’60 que presenta esa Historia Oficial, porque como lo tengo dicho, la considero lo mejor que se ha escrito desde el punto de vista del marxismo, formando por eso parte del patrimonio teórico, político y metodológico de la corriente de la que somos parte.

Lo que sí digo es que esa “historia” responde a necesidades coyunturales de la lucha fraccional de la corriente morenista en uno de sus momentos de mayor crisis, ocultando o subestimando el descalabro que sufrió el partido en los ’60 a causa de la extraordinaria presión ejercida por el castro-guevarismo sobre la Dirección de Palabra Obrera y de todos sus cuadros y militantes. Por eso rechazo la forma maniquea de presentar el “caso Vasco” y su separación del partido, como si fuera una pelea entre ortodoxos puros del trotskismo y desviacionistas aventureros del guevarismo.

Pero ¿acaso no están documentadas esas polémicas?… ¿no son suficientemente explícitos los textos teóricos y políticos de Nahuel Moreno contra el guerrillerismo y sus seguidores?

Sí, lo son. Y no sólo los escritos por él, sino también por mí durante la etapa que denominé del “acefalato”, transcurrida entre 1962 y fines del 63, en que debí hacerme cargo, con Mario Serra, Dabat y Fierro, de la dirección partidaria. En el partido habíamos estudiado el tema de la guerrilla como método a partir de la experiencia China de Mao, la Yugoeslava de Tito y la guerra de independencia de Argelia, según consta en artículos (algunos sin firma) publicados en la revista teórica y minutas internas. Y cuando los barbudos demostraron que en determinadas circunstancias la lucha guerrillera desencadenada por corrientes burocráticas, populistas o directamente burguesas, podía dar lugar a mucho más que nuevas versiones de “Revoluciones Libertadoras” al estilo de Castillo Armas o Aramburu-Rojas, como nos había parecido al principio, todos, bajo la dirección de Moreno, nos volcamos, en apoyo crítico, a las filas del castrismo.

De esa época datan los mejores trabajos teóricos y políticos de la bibliografía trotskista escritos por Hugo. Pero no hay razones (que no sean fraccionales) que justifiquen “fotografiar” los hechos fuera del contexto internacional, latinoamericano y nacional, en que se produjeron. Recordemos que en ese contexto se daban fuertes movimientos de masas anti-imperialistas e importantes brotes de lucha armada.

Justamente, uno de los grandes méritos de Nahuel Moreno. fue evaluar con sentido estratégico las posibilidades políticas revolucionarias de esa situación, ya que a través de ella, la historia retomaba su curso de lucha de clases abierta, interrumpida por el stalinismo. Por eso, atento a esa perspectiva,  él volcó a su partido a lo que terminó llamando “guerra civil continental”, destacando que era una guerra lanzada no desde los libros por una izquierda ultra, sino desde el bastión, real y concreto, de la Cuba revolucionaria bajo la dirección de Fidel y el Che.

Solo las sectas de “trotskistas diletantes” podían ignorar semejante llamado a la acción hecho a través de la OLAS. Conservo en mi archivo personal, como “incunable”, el borrador mimeografiado del folleto escrito por Nahuel Moreno en 1967 desnudando la esencia del sectarismo, a través de la conducta política de Jorge Altamira, dirigente del actual Partido Obrero, dado que en ese llamado del castrismo no veía otra cosa que las falencias ideológicas y programáticas de Fidel y del Che, poniendo por delante, no la unidad de acción para desenmascarar esas falencias, sino la necesidad de la secta de diferenciarse, presentándose como pura y limpia de toda contaminación. En un momento en que la lucha de clases dividía las aguas, el sectarismo pequeñoburgués consideraba que lo principal era buscar los puntos de diferencia, no de coincidencia para enfrentar al imperialismo con un movimiento de masas.

¿No debería ser más explícito, ya que usted mismo acaba de relacionar ese folleto contra el sectarismo con el “caso Bengochea”?… ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

Sí… ¡no me queda otro remedio! Porque la indudable desviación guerrillerista que se carga sobre las espaldas del Vasco Bengochea no cayó del cielo ni fue producto de elucubraciones intelectuales entresacadas de los libros de Mao Tse Tung, Ho Chi Ming o el General Giap, sino, como bien señalaba el propio Nahuel Moreno, de una realidad de alcance continental, que abarcaba gran parte de Latinoamérica y el mundo, fundamentalmente los sectores juveniles.

No es marxista evaluar los episodios de los años `60 desconectados de ese escenario y de las inevitables presiones sociales y políticas de todo tipo que pesaron sobre cada uno de los protagonistas, incluido Nahuel Moreno, dando lugar a errores y desviaciones, como así también a memorables aciertos que honran a nuestra corriente, como el desempeño de Bengochea en Cuba o las polémicas de Moreno en relación al castrismo y sus concepciones, métodos y tácticas.

Recordemos que la guerrilla China de Mao Tse Tung había desatado un colosal proceso revolucionario por casi toda Asia y África, y la Revolución Argelina, con repercusiones en la propia Unión Soviética, acelerando su propia crisis y produciendo sacudones en Europa hasta culminar con el Mayo Francés y la Checoeslovaquia insurreccionada contra el Ejército Rojo.

Las extraordinarias conquistas de los barbudos promovieron movilizaciones de rasgos insurreccionales en Brasil y Perú, lo mismo que en Santo Domingo, Colombia, El Salvador, Venezuela y Panamá. En Argentina, la huelga metalúrgica de 1956 acababa de ser entregada junto con la General tras la derrota del Frigorífico Lisandro de La Torre. Queda así inaugurada una etapa de retroceso del movimiento obrero en paradójico contraste con los avances guerrilleros. Todo eso ocurría en medio de la profundización sin salida de la crisis estructural del país, mientras Frondizi, y el desarrollismo, con la venia del peronismo, trataban de reacomodarse en las nuevas relaciones de fuerza entre los imperialismos en pugna y la burguesía nacional.

En semejante cuadro de situación, Palabra Obrera fue perdiendo protagonismo y presencia en el seno de la clase. Sus militantes quedaron separados de sus lugares de trabajo y se quebró la relación con los obreros a través de los sindicatos, comisiones internas y cuerpos de delegados. Como un ejemplo de esa defenestración, me toca citar el caso (curiosamente ignorado por la historiografía oficial) de la Regional Bahía Blanca, donde se habían ganado varios gremios como la UOM de Augusto T. Vandor, e incluso la propia CGT local, de peso en el orden nacional por su concentración ferroviaria y su industria agro-metalúrgica. Para muchos, los “barbudos” de Cuba, mostraban la salida.

Semejante vacío pudo ser llenado, al menos en apariencia, por las resonantes actividades guerrilleras. Los sindicatos y el sindicalismo quedaron obsoletos, o como un vicio inocuo de viejos reformistas anclados en el pasado.

Bien… ¿pero acaso no fue Moreno quien más y mejor polemizó con el Che y el guerrillerismo?

A eso iba. Soy testigo de que el talento y la visión de Nahuel Moreno le advirtieron de los dos peligros que afrontaba la organización trotskista a la que había dedicado toda su vida. El peligro que advirtió por escrito fue el del aventurerismo guerrillerrista, impulsado por una dirección no marxista, de concepciones populistas, y por razones de clase, para nada confiable. El otro peligro que percibió, aunque lo reservó para las confidencias personales y de sobremesa, fue que la corriente que dirigía desde hacia 20 años, quedara excluida, marginada o enterrada definitivamente por un movimiento de lucha armada con apoyo popular y posibilidades de transformarse en exitoso.

En las condiciones de derrota y retraimiento del movimiento obrero en Argentina, la encrucijada, presentaba al castro-guevarismo, con indudable influencia de masas e insospechados contenidos revolucionarios, como una alternativa posible o al menos un detonante. Más allá de los “principios” ideológicos, su concepción revolucionaria, (no diletante), le hizo reconocer como un hecho innegable y de consecuencias prácticas imprevisibles la convocatoria a desatar la guerra de clases a escala continental, a partir de la OLAS, y dando vía libre a los proyectos guerrilleros.

En esas circunstancias, Moreno supo distinguir el análisis abstracto, proporcionado por la teoría, de las conductas políticas y la práctica de la unidad de acción, teniendo presente que el propósito era disputarles a las corrientes oportunistas de la pequeño-burguesía el imprescindible liderazgo revolucionario. Pero ante tal encrucijada no encontró mejor  escapatoria que montarse en dos caballos, uno el de los principios y la teoría, y otro el de la inmediata realidad, representada en el país por uno de sus discípulos dilectos, el Vasco Bengochea.

Por eso, cubriéndose las espaldas con sus escritos, se puso a negociar con el mismo Vasco, reservadamente, la forma de que su actividad pudiera continuar sin comprometer directamente al partido. El propio Vasco salía de esas negociaciones reservadas realizadas en la cocina de mi casa, ante la presencia de mi compañera Ladis que cebaba mate, convencido de que contaba con el apoyo de Moreno y sintiéndose cada vez más morenista. Por eso, a mi llegada a casa de otras tareas, me confesaba sus triunfos políticos, pidiéndome que “bajara de las nubes”…

Para mí, esa táctica ambivalente y de “negociación” disimulada con el Vasco Bengochea fue la que utilizó Hugo para que éste continuara “por las suyas” con su proyecto “desviacionista”, después de que el propio Moreno se había retirado prudentemente, considerándolo desviacionista y contrario a la estrategia del trotskismo.

Ya entonces, otros de sus discípulos, percibimos el dilema algo así como “el ser o no ser de Moreno”, un drama shakespeariano que profundizaba la crisis y que encontraría su epílogo en la ruptura de 1968. Por eso, en 1967, en polémica con Altamira, volvió a justificar su decisión política de hacer valer lo esencial por encima de lo aleatorio o secundario, rechazando el afán por la “diferenciación” ideológica al estilo de las sectas pequeño-burguesas. En ese sentido, el folleto a que hemos hecho referencia no deja lugar a dudas. En él afirmaba: “El histórico Congreso de la OLAS clarifica el panorama. A partir de él, los revolucionarios tienen un programa, una bandera y una dirección en Latinoamérica. Toda la batalla con respecto a PO y las otras tendencias revolucionarias y centristas, pasa por ahí, que acepten el frente único revolucionario encabezado por la dirección cubana y organizado por la OLAS”.

Podemos transcribir muchas más citas para demostrar qué pensaba y cómo se conducía Nahuel Moreno cuando la discusión con Bengochea, reclamando la más férrea disciplina a la dirección castrista; aunque también es cierto que el Vasco no necesitaba de nada más para lanzarse, como lo hizo, a continuar con la tarea comenzada en 1962, cuando todos, guiados por Moreno, nos encolumnamos detrás de Fidel y el Che. Pero hoy, en tren de hacer historia, es justo decir que el Vasco Bengochea no merece que su brillante y heroico desempeño revolucionario sea simplificado polémicamente con fotografías exhibidas fuera de contexto.

Usted aludió a una etapa que llamó del “Acefalato”… ¿Qué fue esa etapa y en qué se relaciona con el Vasco, con su trayectoria y con su “desviacion” guerrillerista y rupturista del partido?

El “acefalato”, así bautizado por mí, cuando junto con Mario Serra, Dabat y Fierro me hice cargo de la dirección del Partido en su momento de mayor crisis y amenaza de disolución, fue el período transcurrido desde 1962 con los hechos ocurridos en Perú y el encarcelamiento de todos los compañeros, incluido Daniel Pereyra allá y Nahuel Moreno en los sótanos del Departamento Central de Policía. En esas circunstancias de derrumbe casi total, fui reclamado con urgencia a instancias de Moreno, dejando mi residencia en Bahía Blanca, Regional a su vez desmantelada porque sus cuadros habían sido mandados a diversas ciudades del interior, en cumplimiento de la estrategia votada de preparación para implementar lo que eufemísticamente se denominaba “lucha activa” o “resistencia técnica”…

Integré aquí un equipo de dirección de emergencia en el que debo destacar el rol sobresaliente de Mario Serra. Con él y los buenos oficios de Dabat como abogado, capeamos las amenazas judiciales que pesaban sobre Moreno, junto con otras derivadas de los esfuerzos por montar un aparato financiero.

Moreno y Pereyra estaban presos. El Vasco “perdido” y sin noticias en Cuba, Ernesto González en Tucumán, los dirigentes sindicales y activistas, separados de sus trabajos en la clase, dedicados a tareas de adiestramiento. Les resultaba más importante hacerse de un par de zapatos con clavos que pagar la cotización o vender un periódico. El cuadro de situación no podía ser más catastrófico.

Desde los sótanos del Departamento Central de Policía, Moreno nos enviaba pequeñas notas escondidas entre las ropas de Rita, su compañera y esposa, urgiéndonos que hiciéramos algo para salvarlo de un encarcelamiento de por vida. Recuerdo que en una de ellas me decía: “Horacio, si logran salvarnos de esta, habrá que hacerles un monumento”.

El viejo partido trotskista de organización celular e inserción fabril había dejado de existir. En esas condiciones escribí documentos y minutas que mucho después lamenté no conservar, pero que espero se conservarán en algún archivo partidario. En esas minutas libraba la batalla de la ortodoxia trotskista, que para muchos sonaba como obsoleta, llegando algunos a quejarse ante el propio Moreno de oportunismo y burocratización del equipo de dirección y particularmente de la “camarilla bahiense”… Moreno, hay que decirlo, recibía esas quejas con cierta preocupación, pero no dejaba de apoyarnos. Una de las medidas adoptadas fue la supresión de las numerosas rentas, haciendo votar el reingreso a fábrica de los que pudieran hacerlo o alguna forma de inserción en la clase. Con esa concepción también se vendieron vehículos que con fines logísticos seguían en manos de algunos compañeros.

Otras reacciones contra los esfuerzos de salvataje partidario, fueron más doctrinarios. Desde Tucumán, Ernesto González denunció el peligro que implicaba el supuesto “entrismo” a la Juventud Peronista, una idea que venía circulando y tenía su origen en la pretendida política de “frente único” con las corrientes que adherían a la lucha armada… Debo aclarar que esa política contaba con impulsores como Dabat y Prada que le dieron aire cuando Moreno exigió que yo fuera a Perú apenas él recuperó la libertad… aunque no por eso dejé de ser acusado de “liquidacionista” del Partido. Tal era el caos organizativo, político y metodológico que enfrentó, si no con total éxito, al menos con claridad y valentía, el  llamado Acefalato.

En lo personal me enfrenté políticamente con mi gran amigo Bengochea, esgrimiendo, a veces en solitario, las posiciones teóricas y políticas de Moreno, mereciendo por ello, del propio Vasco, la calificación de comemierda “buen vendedor de rifas”…

¿Cómo siguió la reconstrucción del partido después delacefalato”?

Nahuel Moreno fue dejado en libertad (no recuerdo exactamente la fecha) retomando los hilos de la conducción partidaria y muy particularmente el manejo de los intrincados y conflictivos problemas financieros en los que nosotros habíamos tratado de intervenir a través del compañero Urreta, supuestamente entendido en esas cosas. Volvimos a reunirnos en su domicilio de la calle Artigas y a buscar la manera de comunicarnos con el Vasco que llevaba un año largo sin dar noticias. Con ese fin se me envía a la Embajada Cubana de Uruguay. También a entrevistar a Celia, la madre del Che, y a Bolivia, a retomar los contactos por Moreno, entre ellos al español Guillén, asesor guerrillero de Álvarez del Vayo en la Guerra Civil y del mismo Vasco en Bolivia. En La Paz me acogió fraternal y solidariamente el argentino Perelman, que ocupaba un alto cargo como funcionario del gobierno y era hermano del fundador de la UOM, además de otros militantes jóvenes y estudiantiles.

Entrevisté también a Ñuflo Chávez, Vicepresidente de Paz Estenssoro y carismático líder de la Reforma Agraria, a quien entregué, de parte de Moreno, el folleto sobre “La Revolución Latinoamericana”. La Dirección de la COB me extendió una credencial de periodista para viajar a Perú como enviado especial, documento que me fue de utilidad para ciertas gestiones. Todas estas actividades se encuadraban políticamente y desde el punto de vista logístico, en la estrategia de “lucha técnica” continental, acorde con los reclamos de la Dirección Cubana, formulados después a través de la OLAS, y de los que el Vasco sería su referente en Argentina.

Como se ve, lo que después se definió como la “desviación putchista” de manera tan maniquea, no se originó cuando el Vasco regresó de Cuba ni cuando el Che Pereyra y sus compañeros hicieron las acciones que los llevaron a la cárcel, sino mucho antes, bajo la jefatura de Moreno, aunque sus acólitos actuales traten de ocultarlo, sin por ello hacerle ningún favor político al propio Moreno.

¿Fue también esa estrategia la que determinó que usted fuera enviado a residir a Córdoba con su familia?

La pregunta me crea dudas porque la decisión, promovida con mucha insistencia por Moreno, generó  algunos comentarios en contra, sobre todo entre quienes más habían colaborado con el acefalato, no viendo en ello una necesidad partidaria. Hubo quienes daban como explicación mi “independencia de carácter”. Yo solo puedo decir que el cambio no resultó fácil para mí ni para mi familia. Cuando eso ocurrió ya el Vasco se encontraba en Buenos Aires en plena actividad especializada, tanto es así que un día se me apareció en Córdoba en un Rambler Cross Country cero kilómetro para que juntos y con parte de su equipo, iniciáramos una gira por Tucumán, incluyendo un viaje de inspección a las sierras para comprobar las ventajas y posibilidades de la ceja de monte. En esa tarea, el Vasco me mostró eufórico la cerrada espesura de la selva, hasta que casi se ofendió cuando yo le observé que en todo el recorrido no había visto ni un solo campesino… Sus apasionados argumentos de orden técnico no llegaron a convencerme, aunque no por ello dejé de colaborar con mis funciones de improvisado “Comisario político”.

Regresado a Córdoba, continué tratando de organizar en célula el trabajo de captación política y sindical comenzada por Fierro antes que yo, especialmente sobre la fábrica de Aviones Dinfia, donde logramos ganar el Cuerpo de Delegados. Y bajo su influencia, captar en el gremio metalúrgico a un joven  obrero llamado René Salamanca y a otros compañeros con los que formamos la Regional de Palabra Obrera, hasta que un proceso de crisis terminó con el pase de Salamanca al PCR, organización involucrada discursivamente a la sazón en los planes de lucha armada. En ese ínterin también se había concretado la “separación” orgánica del Vasco. Ernesto González había vuelto a Buenos Aires después de tomar relaciones con el grupo de Santucho y yo regresé solo dejando a mi familia a la deriva en Córdoba. De hecho, había quedado marginado de la Dirección del Partido, incorporándome a la redacción del periódico La Verdad, haciéndome cargo de él tanto política como organizativa y técnicamente, ya que junto con Nora Ciapone tipeábamos todos los materiales en la imprenta que regenteaba Aníbal Tesoro en la calle Viamonte.

En un medio día de 1964, estando con Moreno en un bar frente a Clínicas, un canillita entró voceando los titulares de La Razón que anunciaban una catástrofe a pocas cuadras, supuestamente originada por una explosión de gas. Nos miramos sin decir nada, como si ambos olfateáramos un olor distinto. La siguiente crónica periodística registró durante días los hechos ocurridos que no hace falta repetir aquí. Lo verdadero y casi inevitable fue que en esa explosión habían perecido, dejando pocos rastros, casi todos los compañeros que formaban el equipo del Vasco Bengochea. Hoy pienso que la temprana muerte de mi amigo, a la edad de 39 años, se debió a una suerte de suicidio colectivo, anticipándose en tres años al del Che Guevara en Bolivia.

 Foto: Horacio Lagar y el Vasco Bengochea, en su juventud (archivo personal de Horacio Lagar).

 

Escrito por adm1n



Comments are closed.