Puesto fijo de Gendarmería en la entrada de La Cava (Clarín)

Sociedad

Desigualdad social y delincuencia

12 Sep , 2014  

(Esta nota fue escrita en agosto de 2013, siendo cada vez de mayor actualidad su publicación)

Sociólogos, políticos, periodistas y comentaristas televisivos, no dejan de analizar el actual fenómeno de la delincuencia juvenil, puesto que se ha convertido en símbolo de la actual descomposición social.

Para todos esos comunicadores pareciera que un flagelo “extraño” al sistema hubiera caído de pronto sobre él, considerándolo una víctima inocente, digna de defensa para conservar los valores tradicionales de la sociedad.

Pero esos analistas no definen dónde, cómo y por qué  surge esta delincuencia. Polemizan entre ellos buscando remedios y parches  para paliar los trágicos efectos de ese enfrentamiento cotidiano que mata seres humanos y destruye familias enteras. Con la ayuda de los jueces, la policía y el Papa, arbitran en la cuestión como si fuera una lucha entre el “bien” y el “mal”, ubicando a las personas de un lado o de otro.

Naturalmente, del lado del “bien” estarían aquellos que se conforman con lo que tienen, queriendo solo disfrutarlo en paz y en orden. Y cuando buscan aumentarlo, lo harían siempre sin pretender lo que tienen los demás, respetando un principio que se concreta en el sagrado derecho de propiedad, protegido por el necesario castigo a quienes lo violan.

Sabido es que no siempre fue así. Hace algunos siglos, la antropología descubrió que existieron sociedades primitivas con otros principios y derechos en las que no se consideraba delito tomar una cosa para satisfacer una necesidad básica. Y por lo tanto, no se cometía delito alguno ya que la producción y la distribución tenían por único fin la satisfacción de necesidades comunes y no la acumulación de ganancias para determinadas personas, creando así desigualdad social, o sea riqueza y poder para unos pocos, y pobreza y sometimiento para lo demás.

La delincuencia apareció conjuntamente con la propiedad privada,  transformada en motor del llamado progreso económico, dando lugar a que las personas empezaran a distinguir entre lo propio y lo ajeno, “lo mío” y lo tuyo”. Tales fueron  las condiciones objetivas y subjetivas de lo que se llamó delincuencia social en sociedades desiguales, como el esclavismo, el feudalismo y finalmente el capitalismo, sistema actual en proceso de agotamiento que hizo de la delincuencia una manera más para conseguir riqueza y poder.

Por ese largo y penoso camino de desigualdad entre las clases, se arribó al actual  estado de descomposición  que caracteriza actualmente a la sociedad capitalista, particularmente en países dependientes como Argentina. Por eso los conflictos y contradicciones propios del sistema no encuentran otra salida que a través de la corrupción y el crimen.

A muchos políticos de la burguesía les gustaría también combatir con éxito esos flagelos, porque sería una forma de conseguir seguridad para sí mismos y su propiedad. Pero no pueden hacerlo sin modificar las bases materiales,  jurídicas e  institucionales que sostienen la desigualdad social y sus propios privilegios.

Por eso condenan la delincuencia ajena sin precisar las causas que la provocan, porque les cause miedo la desesperación del adolescente mal comido, mal vestido, mal alojado y peor educado, que sin otra alternativa a la vista, ataca a otra persona para paliar una situación de calle o acceder a una mejor condición de vida.

Ni las estadísticas del INDEC pueden ocultar la creciente cantidad de jóvenes que buscan en los clasificados de Clarín alguna posibilidad de trabajo digno o changa, teniendo que ocultar, para merecer confianza, dónde y cómo viven.

Villa La Cava, en San Isidro ( Foto: ARBA)

Villa La Cava, en San Isidro (Foto: ARBA)

Al respecto fue muy ilustrativo el caso de una docente que, en los medios, preguntó cómo podría ella cumplir con su función educativa, cuando en el aula tenía alumnos que tomaban como ejemplos lo que veían en la televisión, concluyendo que “querían meterse en política y llegar a Ministro o Presidente, para hacerse ricos como la Señora Presidente.”

Muchos otros docentes, se cuidan de preguntar a sus alumnos qué quisieran hacer cuando sean grandes, por miedo a recibir la misma respuesta.

Por eso somos revolucionarios, porque no hay otra manera de terminar con la desigualdad social y construir una sociedad nueva sin explotadores ni explotados.

Foto: Puesto fijo de Gendarmería en la entrada de La Cava (Clarín)


Comments are closed.