Los compañeros de Opinión Socialista y de ASAGRAPA en la chacra de Tomás.

Internacionales

Entrevista al compañero Tomás Zayas

13 Ago , 2014  

Tomás Zayas Roa nació el 29 diciembre de 1958 en Valenzuela, Departamento de Cordillera, Paraguay. Militante campesino desde su primera juventud, fundó en 1984 la Asociación de Agricultores del Alto Paraná (ASAGRAPA) que tras un cruento proceso de luchas y ocupaciones, recuperó en 1989 y de manos de terratenientes ligados a la dictadura, las tierras que conforman la comunidad “El triunfo” de Minga Guasú. En una parcela de esta tierra, propiedad comunitaria, ha levantado su hogar y reside desde el año 1989 hasta hoy, dedicándose como cualquier otro honesto campesino a la producción de alimentos para autoconsumo.

Siempre como dirigente de la ASAGRAPA, fue también co-fundador de otras organizaciones nacionales campesinas como la CONAPA (Coordinadora Nacional de Productores Agrícolas) en 1985, la Federación Nacional Campesina (FNC) en 1987 y la Mesa Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas (MCNOC) en 1996, que realizó la histórica marcha con más de 30.000 campesinos a la capital del país, Asunción. Tuvo también un destacado rol en la fundación de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT). De su participación en la lucha contra la dictadura es resultante su militancia en el Partido de los Trabajadores (PT) de Paraguay, organización trotskista adherida a la LIT-CI (Liga Internacional de los Trabajadores-Cuarta Internacional) en la que militó desde su fundación en el año 1986 (legalmente 1989) hasta el año 2008. Como figura pública del trotskismo paraguayo fue candidato a Intendente por el distrito de Yguazú, Alto Paraná, en 1991, a Presidente de la República en el año 2003 por el Frente Izquierda Unida y a Senador en 2008 por la lista del PT.

Participó de numerosos seminarios, foros y encuentros internacionales sobre el Derecho a la Tierra y las luchas sociales obreras y campesinas, como es el Foro Social Mundial de Porto Alegre. Participó del Congreso Internacional de Derecho Agrario en Asunción en 1996. Militante internacionalista consecuente, ha sido parte de las principales luchas no solo del movimiento campesino paraguayo, como vimos, sino de los trabajadores de todo el mundo.

Como parte de un nuevo proceso de coordinación que estamos llevando adelante, tuvimos la oportunidad de visitarlo en su casa y hacerle esta entrevista para compartir con los demás compañeros de nuestro partido y de la vanguardia luchadora, obrera y campesina, fundamentalmente de nuestra región.

Los compañeros de Opinión Socialista y de ASAGRAPA en la chacra de Tomás.

Los compañeros de Opinión Socialista y de ASAGRAPA en la chacra de Tomás.

 

Nos gustaría que nos relate cómo fue aquel triunfo histórico que condensó el fin de la dictadura, la conformación de la ASAGRAPA y la ocupación de las tierras que hoy conforman la comunidad “El Triunfo”.

Mi militancia empezó en la década del 70; para ser más preciso, a principios del año 76 y en el departamento de Cordillera. Era la época dura de la dictadura; yo estaba vinculado más bien por tradición familiar al PLRA. En el año 82 emigró toda la familia hacia el Alto Paraná, al distrito de Yguazú, donde vivimos hasta 1989. En todo ese tiempo me dediqué a trabajar con los compañeros del movimiento campesino y en particular con la juventud. En el año 82 empezamos a trabajar para lo que luego sería la ASAGRAPA, suceso que se formalizó en el año 84. Así mismo, promediando el año 86, empezamos a discutir políticamente entre los compañeros la conformación de un proyecto político que complementara nuestro objetivo, sabíamos que la herramienta sindical no podía avanzar si no avanzábamos a su vez en la conformación de una herramienta política que expresara ese cambio que estábamos produciendo. Así, meses después de la caída de la dictadura, el 19 de marzo de 1989 más precisamente, se concluyó con la fundación del Partido de los Trabajadores. No es nada casual la fecha, como anticipé, pues por esa misma época se estaban realizando una serie de ocupaciones que mostraban el proceso de avance y radicalización del movimiento campesino. Uno de esos avances, entre los más destacados, fue la conquista de las tierras de la comunidad “El triunfo”, comunidad de la que soy pionero y en donde vivo hasta la fecha.

¿Qué significó para usted entrar al trotskismo? ¿Cómo modificó su visión de la lucha campesina?

Mi incorporación al PT me permitió tener una visión de clase, me acercó al internacionalismo proletario, me hizo entender que la lucha de los pobres es la misma y es mundial, con lo cual también pude comprender la necesidad de unificar programáticamente el reclamo de los trabajadores de la ciudad y del campo. Este cambio en la conciencia nos obligó a nosotros, campesinos atados a una visión más simple y empírica de la lucha, a la formación teórica, programática y metodológica en clave marxista revolucionaria, aportando los elementos de nuestra realidad al programa revolucionario.

Si bien hace más de 5 años he salido del PT, me sigo reivindicando (y con mayor fuerza y decisión) un campesino marxista, trotskista, aunque ahora independiente, que no ha abandonado ni un minuto la lucha de clases. Siempre adelante con los compañeros, desde ASAGRAPA, luchamos por la unidad de acción de todos los sectores que enfrentamos a la burguesía y el imperialismo. Peleando a la vez por una dirección principista con capacidad y autoridad que garantice la movilización de las masas.

El Marzo Paraguayo, por ejemplo, si bien se cerró con una derrota, fue un ensayo histórico de envergadura para la vanguardia luchadora de nuestro país. Unidos contra el golpe fascista, nuestras organizaciones sociales, la izquierda paraguaya en general y el trotskismo en particular, salimos a las calles en defensa de los derechos democráticos de nuestro pueblo. Nosotros intentamos modificar algo la correlación de fuerzas pero esto no fue posible por la falta de claridad de amplios sectores de la izquierda.

¿Cual es vínculo entre el Estado paraguayo y las Mafias y qué responsabilidad tienen en el asesinato de 115 cuadros y militantes campesinos?

En Paraguay podemos decir que la mafia y el Estado son prácticamente uno puesto que la burguesía paraguaya es una burguesía mafiosa. Esto fue alentado desde el inicio por Stroessner que hizo del país un emporio del contrabando, el narcotráfico y todo tipo de negocios espurios. Eso continuó y se acrecentó luego de febrero de 1989 cuando sus discípulos del Partido Colorado, encabezados por el General Rodríguez, su consuegro, le hicieron el golpe de Estado, llamaron a elecciones y manejaron la transición democrática a su antojo. Así nos encontramos con que los mafiosos están en todas las instituciones del Estado, desde el Ejecutivo, el Parlamento y la Justicia hasta la última repartición, aduana o empresa. Desde él operan para proteger sus negocios, fundamentalmente el negocio de la tierra.

Paraguay posee la mayor concentración de tierras del mundo. El 6% de las parcelas cubre el 90% de la superficie del país y en ese 6% están fundamentalmente multinacionales como Cargill, Monsanto, o grandes propietarios extranjeros como Tranquilo Favero, el Rey de la Soja y otros más, que se adueñaron de la tierra y tienen toda una política de expulsión de los campesinos. Datos del Censo Agropecuario de 2008 dan cuenta de que el Índice Gini (método utilizado para medir la desigualdad que toma el valor de 0 para expresar la igualdad y el valor de 1 para expresar la máxima desigualdad) llega 0.93, hecho que ubica al Paraguay muy próximo a la desigualdad perfecta. A esto se le suma, además, la cuestión de que las millones de hectáreas de tierras mal habidas han ido ingresando al mercado, aumentando la especulación, el precio y la disputa.

La extraordinaria fortuna estimada en tierras mal habidas hace “comprensible” la reacción de los latifundistas. Según el Informe de la Comisión de Verdad y Justicia  (CVJ), 7.851.295 hectáreas han sido adjudicadas con graves irregularidades a la legislación agraria. Pero se sabe también que la Comisión habría documentado solo el 60% de las tierras mal habidas. Tomando exclusivamente lo documentado por ésta y adjudicándole un costo promedio mínimo de 2.200 dólares la hectárea, estamos ante un total aproximado de 17.272.849.000 dólares. Esa es la razón por la que tenemos la tremenda cifra de 115 compañeros asesinados (entre ellos compañeros de ASAGRAPA) tanto por las fuerzas represivas del Estado como por sicarios armados por los mafiosos.

Yo mismo he sufrido en carne propia persecución y amenazas que por suerte nunca prosperaron. En el año 2007, por ejemplo, tuve 7 denuncias en mi contra y cinco causas armadas con orden de captura. Declarado en rebeldía mi suerte pendía de un hilo y si estoy vivo es, entre otras razones, gracias a la solidaridad internacional. Asimismo tuve la suerte en parte de poder escuchar el testimonio de un sicario que habían contratado para matarme y que, al tanto de que fui benefactor de un familiar directo suyo (su abuela, quien lo había criado), rehusó matarme y vino a contarme todo el plan. Mi reacción primera fue hacerlo testificar ante escribano público y este individuo accedió. Ahí tengo en mi casa, para quien quiera verlo, el testimonio del sicario que no quiso matarme. Así también estuve con protección policial por casi 2 años, entre 2008 y 2010, y el 3 de noviembre de 2013 mi casa fue baleada en horas de la madrugada estando yo y mi familia adentro.

Usted fue una figura pública destacada y formó parte de listas electorales de la izquierda. Cuéntenos sobre la pelea electoral y cómo ve la participación del trotskismo y del resto de la izquierda en esta lucha tan complicada, en especial durante el luguismo.

La cuestión electoral es una tarea difícil acá; el nivel de prebendarismo es muy alto en Paraguay, algo que arrastramos del tiempo de la dictadura. Por su parte, los sectores conscientes y organizados son una minoría. A mí me tocó más de una vez ser candidato; en 2003 fui candidato a Presidente por el Frente Izquierda Unida. Recorrí el país y me hice conocido entre la gente. Estoy convencido de que nuestro programa político tiene llegada en la población; realmente el pueblo paraguayo quiere el cambio pero eso no se refleja en las urnas al mismo nivel que en la calle, puesto que las elecciones son una trampa hecha para distorsionar la movilización. No obstante ello, las elecciones son un buen escenario para la denuncia y la difusión de nuestras ideas y propuestas.

En ese sentido fue un hecho cualitativo el proceso que culminó con la candidatura de Lugo. Pero ese hecho significativo se transformó rápidamente en un aborto con la política de conciliación que tuvo éste con la oligarquía, representada por el PLRA. Sin dudas, ese fue el primer paso para la debacle del proceso. Lugo llegó a la presidencia en un momento de ascenso del movimiento campesino y de profunda crisis de los partidos de la derecha. Su liderazgo forjó una gran ilusión entre los campesinos y la clase media progresista de la ciudad que fueron la base social del luguismo y los principales damnificados con sus entregas. Creo que gran parte de la izquierda se sometió a la política del Poncho Juru creyendo que es imposible cambiar algo de la situación sin ceder algunos aspectos. También creo que la izquierda no ha sabido construir otras alternativas electorales y ha quedado atrapada en la red de seguidismo y aceptación callada de las arbitrariedades de Lugo.

Contanos tu perspectiva sobre el proceso de ascenso, conformación y crisis del luguismo.

La iglesia católica tiene una importancia gravitante en la cultura paraguaya en general, aún entre sectores que se reclaman como de izquierda. Se mantiene entre los campesinos un dicho: pa’íma  he’i… Lo dice el padre. Más allá de las idas y venidas de la pelea entre Lugo y la iglesia, a partir de su renuncia al obispado y su postulación para Presidente, Lugo siempre ha sido y será un cuadro de la iglesia. La marca distintiva del luguismo es su personalismo, su ambivalencia a la hora de no enfrentar los problemas o de resolverlos a favor de los sectores privilegiados, traicionando a su base social, y eso es una marca distintiva de la institución eclesiástica. La parálisis del movimiento campesino fue responsabilidad entera del luguismo y fue en verdad una situación que la derecha aprovechó de manera inmejorable para derrocarlo.

Con Lugo nos conocimos hace mucho tiempo. Fuimos coordinadores nacionales de la campaña contra el ALCA; llegamos a juntar ciento ochenta mil firmas por el no al ALCA. Sin embargo en una discusión que tuvimos poco antes del acuerdo que hizo con el PLRA en el que defendió justamente como un logro esa entrega, él se disgustó mucho conmigo. Yo le dije que ese pacto era liquidacionista y que iba a ser el principal obstáculo para el cambio, postura que Lugo rechazó tajantemente alegando que las organizaciones populares debían ser inteligentes y utilizar las debilidades del sistema, en este caso la debilidad del Partido Liberal que estaba en su peor momento.

Obviamente, no fuimos parte orgánica del Frente Patriótico y Popular ni del Frente Guasú; pero en octubre 2008 cuando organizamos una serie de ocupaciones de tierras, la respuesta que obtuvimos del gobierno fue una represión salvaje que se cobró la vida del compañero Bienvenido Melgarejo, asesinado por la policía nacional en Colonia Guaraní, Departamento de Canindeyú. Y lo que es peor, tras el desalojo, el Presidente Lugo hizo una conferencia de prensa en donde adujo que la muerte del compañero se había perpetrado en un ambiente confuso y que a él le constaba por informes directos que la policía no tenía armas de fuego, una mentira a la que respondí en nombre de ASAGRAPA, acusándolo de hipócrita, de faltar deliberadamente a la verdad y responsabilizándolo del asesinato del compañero. Fue tanto el encono que generó nuestra campaña por justicia para Bienvenido Melgarejo que ASAGRAPA, al contrario de la mayoría de las organizaciones campesinas, nunca fue atendida ni sus reclamos formaron parte de la agenda del gobierno de Lugo.

A su deteriorado gobierno lo terminó de liquidar la farsa sangrienta que se montó en Marina Kue, tierras que son del Estado y que venía usurpando desde hacía tiempo una eminencia gris del Partido Colorado, Blas N. Riquelme. En Paraguay todos saben qué pasó en Curuguaty. Todos saben también que ese territorio es un corredor del narcotráfico. El proceso a las victimas esconde malamente la responsabilidad de las mafias enquistadas en el Estado, en el Parlamento y la Justicia. En la matanza de aquella jornada y en el subsiguiente juicio político se manifiestan por completo los rasgos más retrógrados de la burguesía paraguaya. Por eso es tan importante la campaña de esclarecimiento nacional e internacional, aunque el cinismo del poder no atienda a razones del tenor que ya han presentado los abogados y la Comisión de defensa de los presos.

Nuestra respuesta ante el golpe fue inmediata y contundente, estuvimos en la plaza repudiando el juicio político y yo fui parte de una delegación que llegó al Palacio de los López llevándole el apoyo. Allí le planteamos a Lugo dos medidas para revertir el golpe. Primero disolver el Congreso y segundo llamar a  la resistencia activa. A estas propuestas, Lugo respondió: “No soy Mandela, no soy Pepe Mujica y muchos menos, Salvador Allende”. El juicio, como bien sabíamos, fue un circo, pero también hay que decir que Lugo lo consintió. Nuestra postura pública como ASAGRAPA fue llamar a la gente a la resistencia civil, luchar porque se vayan todos y hacer una convocatoria a una Asamblea Constituyente para reordenar el país sobre nuevas bases.

El golpe parlamentario supuró una crisis de descomposición del régimen que no tiene solución inmediata y eso se vio rápidamente con la asunción de Federico Franco. Con un año de gobierno, la presidencia de Franco fue un período de rapiña y de profunda corrupción. Esta crisis de las instituciones del régimen fue la que permitió que un magnate implicado en todo tipo de negocios turbios y que no tenía partido ni nunca había votado siquiera, arrendara el partido mayoritario para llegar al poder. Ahora tenemos eso que Horacio Cartes dio en llamar el Nuevo Rumbo. El plan de gobierno de Cartes tiene como estrategia, según lo dictamina la Ley de Alianza Público-Privada, endeudar al país, hipotecarlo con bonos del tesoro por valor de mil millones de dólares para invertir, adecuando el aparato productivo del Paraguay a gusto y comodidad de las multinacionales con una consecuencia nefasta para los pobres del campo y la ciudad. Ante esta circunstancia está a la orden del día una vez más la lucha incansable por la Reforma Agraria.

¿Cuál es la política, la base programática del ASAGRAPA?

Hay una tremenda crisis agraria en Paraguay. El 40% de los ingresos de los pequeños productores hoy no proviene del campo. Esto significa que algunos miembros de la familia están trabajando en Argentina, Brasil o España para apoyar al resto de la familia. Esta situación va empeorando, desde que nuestro país junto con Argentina y Brasil están convertidos en los primeros productores de granos para el mercado mundial. Se habla mucho del mejoramiento de la macroeconomía a costa de derramar toneladas y toneladas de agrotóxicos, contaminando el medio ambiente, el agua, el aire y la vida en general. Los señores del “agronegocio” son simples criminales, su única filosofía es la acumulación de capital. Ni ellos, ni sus familias, ni sus parientes viven en el campo. Viven en las grandes ciudades, fuera de estas zonas en donde se están cultivando hoy soja, maíz y otros comodities.

De ahí que los movimientos campesinos de Paraguay digamos que hay una guerra declarada contra los pobres de América Latina. El Jefe del Comando Sur de los Estados Unidos dijo que si bien hoy es el terrorismo, mañana serán los campesinos pobres de América Latina los enemigos que enfrentarán. Esto se debe a que saben que de los 120 millones de campesinos latinoamericanos, más de 50 millones son indigentes que tarde o temprano se levantarán. Entonces, se están preparando, no para resolver el problema de la pobreza, del hambre, la desocupación, sino para lo que ya consideran como un peligro para la potencia imperialista.

Los campesinos creemos que el problema de la producción y de la tierra se convierte en un problema político. La Reforma Agraria es una cuestión fundamental para un modelo soberano de producción y desarrollo. Deja de ser un problema campesino, convirtiéndose en un problema del país. Puede resolver el flagelo de la desocupación, el hambre, la violencia en las ciudades, los niños en las calles. El modelo del “agronegocio” no trae ninguna esperanza de mejoría ni de desarrollo para los pequeños productores, ni para la gente que vive en el campo, ni para el resto de la población. Por ello, la construcción y reconstrucción de la comunidad campesina es una tarea de primer orden que debe ser asumida como una tarea política y un proyecto de construcción de poder político. La política de ASAGRAPA es, por lo tanto, la reconstrucción y defensa de la comunidad campesina, la recuperación de las tierras mal habidas y la reorganización de los campesinos sin tierra.Queremos ser desde el campo protagonistas de un destino propio y motor de desarrollo del país.

¿Cuáles son sus expectativas para la conformación de un Nuevo Partido de los Trabajadores en Paraguay?

Voy a señalar dos cuestiones. La primera es que estoy en contacto con diferentes militantes y cuadros independientes de distintos sectores de la vanguardia luchadora de mi país. Si bien desde finales de 2008 estoy fuera del PT (prefiero no emitir juicio sobre mi desvinculación) aún creo que la herramienta política de los trabajadores es el Partido. He tenido momentos de flaqueza pero nunca dejé de creer que esa es la mayor de las necesidades históricas de nuestra clase. De tal manera que, con varios compañeros, hemos empezado a trabajar en la construcción de una nueva herramienta política. Y la otra es que hoy, 13 de agosto, empieza en Paraguay un plan de lucha con movilizaciones en todo el país que puede concluir con un congreso democrático del pueblo y repetir aquella experiencia exitosa que frenó las privatizaciones durante el gobierno de González Machi. Si bien creemos que el Paraguay está atado al devenir político de los países grandes de la región, eso también le confiere a la lucha de clases en nuestro país el poder de ser un factor de empuje para un nuevo ascenso del movimiento de masas a nivel regional. Con ese objetivo y en base a la unidad con las organizaciones campesinas, sindicales y partidarias de la izquierda,  nos jugamos a construir ese camino. Sabemos que no será tarea fácil pero estamos entusiasmados y creemos que hay condiciones objetivas y subjetivas para lograrlo. Espero también que esta coordinación que venimos a realizar en la Conferencia sirva de empuje para esta orientación que nos estamos dando.

 (Opinión Socialista N°58)

 

 

 

Escrito por Mario Castells

Comisión directiva CTA Rosario.



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